carloslealjimenez

Gracias Don Lauro, soy un tipo afortunado.

Quizás la primer imagen que tengo con mi padre, ¡gracias por todo Don Lauro!

La primer fotografía que tengo con mi padre, ¡gracias por todo Don Lauro!

Mi padre fue un hombre que además de asegurarse que nunca nos faltara nada trabajando de manera dura y honrada, nos hizo ver que ese concepto de “tener todo en la vida” no solo tiene que ver con cosas materiales .

Mi padre, a pesar de tener poca formación de esa que se obtiene en las escuelas (salió de Los Herreras, N.L., su pueblo, desde muy chico a trabajar en la “gran ciudad” dejando la escuela como una segunda prioridad –“había que comer, m’ijo, primero un taco y luego un banco”-) tuvo siempre un nivel de educación enorme; educación de esa que no se publica en ningún diploma, título o certificado, sino que se entrega día a día en el trato a los demás y a si mismo, y que le sirvió junto con su incansable audacia, para hacer mucho por su familia y por gente que fue conociendo en el camino (que créanme, fue muchísima).

De comenzar limpiando zapatos (no, no es cliché, mi padre comenzó su vida en Monterrey como un humilde bolero) pasó a venderlos en una sencilla zapatería, para un buen día tomar una destartalada cámara y salirse a tomar fotografías y venderlas, esto porque él decía que la vida estaba afuera, y con ella un sinfín de posibilidades para crecer, no adentro de un local lleno de zapatos. “Sí, la gente siempre necesitará zapatos, pero también necesita verse sonriente, elegante en fotos, y éstas las atesora por mucho más tiempo, porque son como recordatorios de toda una vida, y a veces para toda la vida; ¿y es que quién cuelga en sus paredes un par de zapatos viejos?, por eso supe que tenía más oportunidad cargando una cámara que cargando zapatos” Esa frase que alguna vez me dijo, ilustra la lógica media particular de mi padre.

Lógica que sumada a una enorme fe en si mismo y ganas de hacer algo para dejar huella lo llevó a trabajar como fotógrafo para varios periódicos locales y nacionales como el diario deportivo “Esto”, y que un buen día le dio la oportunidad de trabajar al lado de Don Manuel Espino Barros, decano de la fotografía en México, en la Fundidora de Monterrey, para después quedarse como el fotógrafo de planta de esta empresa que ayudó a forjar el crecimiento de Monterrey en el siglo XX (el legado fotográfico que dejó en su carrera en esta empresa acerera es bastante grande, por cierto). Y aunque a ‘Don Lauro’ nadie le dio un título en administración de empresas o emprenduría que dijera que estaba capacitado para establecer y echar a andar negocios, su ingenio y hambre le dio la materia suficiente para fundar su propio estudio fotográfico (digamos que fue uno de los startupers locales del siglo pasado), que continúa hasta este día, operado por mi hermano mayor.

Y como para Don Lauro no todo eran cámaras y rollos, hasta se dio el gusto de fundar un equipo profesional de fútbol en Monterrey. A finales de la década de los 50’s, juntó sus pocos ahorros (a escondidas de mi madre, por supuesto) y creó el “Club de Fútbol Nuevo León”(por ahí pueden leer algo en Wikipedia), conocidos popularmente como los “Jabatos”, que con el paso de los años se convertirían en los Tigres de la UANL (irónicamente, mi papá compró pases vitalicios para el Estadio Tecnológico y en su vida fue a más partidos de Rayados que de Tigres). Mi padre nunca jugó fútbol, pero en la vena traía eso de crear oportunidades para su comunidad, cosa que años después seguiría haciendo a través de clubes de asistencia social como los Kiwanis y el Lions Club. Sí, mi padre fue un hombre generoso, no solo en lo monetario sino en esas cosas que no se pueden pagar con dinero, si no me creen, pregúntenle a quienes tuvieron la fortuna de compartir un momento con él.

Mucho de lo que soy hoy en día lo aprendí de él, y no porque Don Lauro Leal Salinas quisiera enseñármelo con largas charlas -eso de ser motivador con palabras bonitas pero huecas no se le daba- sino porque simplemente predicó en el ejemplo, haciendo que las cosas sucedieran, o como él alguna vez me dijo con su particular sentido del humor “si no hay lo que necesitas, no te quejes, es señal de que hay que hacer…pues para que sí haya”. Esa frase medio norteña resume el legado más grande de mi papá, hacer las cosas con ganas y amor, para dejar el mundo mejor que como lo encontramos.

Él se fue de este mundo hace unos días, pero sin duda lo dejó mejor que como lo encontró, estoy seguro que allá arriba sigue igual de inquieto (tequilas incluidos) , esa es y será por siempre su naturaleza.

Gracias pa, por dejarnos tanto, hoy te puedo decir que soy un tipo afortunado por haberte tenido como padre, ten la certeza de que acá seguiremos trabajando “para que siempre haya, aunque no haya nada.”

Te quiere, Carlos

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This entry was published on July 8, 2014 at 4:45 pm. It’s filed under Fotografía, Uncategorized and tagged , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

4 thoughts on “Gracias Don Lauro, soy un tipo afortunado.

  1. Laura Cevada on said:

    En verdad muy afortunado…. Y afortunados somos también los que te conocemos, gracias por compartirnos el legado de Don Lauro, un abrazo Carlitos

  2. Hey Brody bonitas y muy ciertas palabras; realmente fuimos muy afortunados por tenerlo tantos años aprendiendole y valorando lo “sencillo” de la vida. La semilla que sembró es un legado que con el tiempo dará muchos y muy buenos frutos.

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